Cuando la lucha terminó, Diego se quedó quieto, jadeando levemente. Había eliminado a varios de sus enemigos, pero sabía que había más. La banda de los Monteros era numerosa y no se detendrían hasta que lo mataran.
Isabel levantó la vista, asustada, y rápidamente escondió la carta bajo su ropa.
El Zorro sonrió. "De nada, mi amor".